Los terrores nocturnos en los hijos

por Zabdiel Torres 18/04/2016 0 comentarios

Los terrores nocturnos en los hijos

Frecuentemente, encuentro la preocupación en muchas familias sobre un problema que afecta a sus hijos durante la noche: los terrores nocturnos. Éstos pueden ser desde muy leves en forma de pesadillas desagradables, visiones o espantos o verdaderamente casos alarmantes de violencia del niño hacia sus padres e incluso hacia ellos mismos.

Pero la Biblia nos dice “cuando te acuestes, no tendrás temor, sino te acostarás y tu sueño será grato” (Pr. 3:24). También dice en Salmos 4:8: “En paz me acostaré y asimismo dormiré; porque solo tú Jehová, me haces vivir confiado”. Dios promete darnos paz, confianza y sueños gratos durante la noche y estas promesas aplican también a nuestros hijos.

Antes que nada debemos recordar que, bíblicamente, el día comienza al caer la tarde: “y fue la tarde y la mañana un día” describe Génesis 1:5. Cuando la Escritura nos dice: “no se ponga el sol sobre vuestro enojo”, lo que en realidad está diciendo es que no comencemos el día con conflictos. ¿Quién no se ha ido a dormir enojado o preocupado para encontrar la mañana siguiente que las cosas van de mal en peor? La gente no se “levanta con el pie izquierdo” y le va mal, sino que el proceso comienza desde antes, se va a acostar con una mala actitud.

La promesa “en paz me acostaré” de Salmos 4:8 viene precedida, entre otras cosas, de algo muy importante (ver v. 4): “Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama y callad”. La hora de dormir es el mejor momento para meditar sobre lo sucedido durante el día, agradecer a Dios lo que ha hecho en nuestras vidas y poner en las manos del Señor las metas del día siguiente. Pero más importante que todo esto, es un excelente momento para meditar en la Palabra de Dios.

La meditación en la Palabra de Dios es clave para la vida de nuestros hijos y es algo que debe ser instruido en ellos desde pequeños. Josué 1:8 nos dice “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien”. Por otra parte Dios nos dice que es una responsabilidad de los padres: “Y las enseñaréis [las Escrituras] a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes” (Dt. 11:19).

La manera más efectiva para ministrar paz a las almas de nuestros hijos durante la noche es leerles la Palabra, orar por ellos y bendecirlos antes de dormirlos. De preferencia, el padre es quien debe llevar a cabo esta labor, pues siendo la cabeza de la familia es quien brinda la protección espiritual a los hijos. Pero en ausencia del padre o si el padre no es creyente, la madre puede realizar muy bien esta tarea. Para algunos puede representar difícil adquirir esta costumbre, pues hay que invertir entre 15 ó 30 minutos (o hasta una hora, si los niños hacen preguntas o comentarios), pero vale mucho la pena.


 
Nuestra experiencia con cuatro hijos varones, inquietos y vigorosos, ha sido muy buena. Todos, excepto el primero –por falta de práctica– han podido dormir solos durante toda la noche a muy temprana edad, entre los cuatro y cinco meses. Y hemos observado que cuando no ha sido posible leerles la Biblia y orar por ellos antes de dormir su sueño no es tan profundo.

Cuando mis hijos eran muy pequeños, entre los 0 y 4 años, les leía los libros de Proverbios y Salmos casi todas las noches. Una práctica que nos resultó muy buena fue leer un capítulo de Proverbios de acuerdo al día del mes. Por ejemplo, el primer día del mes, leer el capítulo uno, el segundo día, el capítulo dos, etc. Como Proverbios tiene 31 capítulos queda muy bien para cubrir todos los días de cada mes. ¡Es increíble como Dios habla de manera diferente en cada lectura a pesar de estar leyendo el mismo texto cada treinta días! Confirmamos así que la Palabra de Dios es VIVA y eficaz.

El libro de Proverbios es muy importante para los niños, pues Dios afirma que es un libro “para entender sabiduría […], prudencia […] sagacidad […] y dar inteligencia”. Si tu hijo está batallando en sus estudios, lo mejor que puedes hacer es sumergirlo en este libro. Si te es posible, adquiere una Biblia en audio y deja que tus hijos escuchen Proverbios en bajo volumen durante toda la noche en modo de repetición automática. En poco tiempo verás el beneficio en su aprovechamiento académico.

Si tus hijos son más grandes, puedes comenzar a leer las historias de la Biblia. A los niños les encantan. Evita a toda costa leer cuentos de hadas, historias fantásticas o de terror. La fantasía siempre se opondrá a la verdad y nuestros hijos necesitan estar cimentados en la verdad y alejados de las fábulas y mentiras de este mundo. Muchas veces una lectura inapropiada, de magia, terror o misterio tendrá el efecto diametralmente opuesto.

Una vez realizada la lectura y meditación de la Palabra de Dios, te sugiero orar por tus hijos. Pedir al Señor que proteja sus mentes y sus cuerpos durante la noche; puedes confesar lo que dice Salmos 34:7: “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende”; pide que puedan dormir profundamente y descansar lo necesario para que al día siguiente sean capaces de servir al Señor con plenitud en su trabajo escolar, en sus tareas domésticas y en sus ocupaciones cotidianas.

Por último, puedes bendecirlos, poniendo tu mano sobre la cabeza de cada uno de ellos, recitando “la bendición sacerdotal” que Dios mandó a Aarón proclamar sobre los hijos de Israel: “Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz” (Núm. 6:24-26). Cada vez que un padre bendice a su hijo es como si una plantita sedienta recibiera agua fresca de lluvia.

Meditar en las Escrituras, orar conforme a Su Palabra y bendecir a tus hijos, profetizando sobre ellos (profetizar es hablar la Palabra de Dios) es usar las armas espirituales que Dios nos ha dado para la destrucción de fortalezas, para derribar argumentos contra el conocimiento de Dios y para llevar cautiva la mente de nuestros hijos a la obediencia de Cristo. Los terrores nocturnos no tendrán cabida en la vida de nuestros pequeños hijos nunca más.

Tomado del blog Dame Hijo Tu Corazón


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