Vete a la Tierra de Moriah

por Dr. Guillermo E. Biederwolf 29/01/2026 0 comentarios

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"Vete a la tierra de Moriah" (Gén. 22:2). Sin duda fue en la noche cuando Abraham oyó estas palabras, porque la Escritura dice, "Se levantó muy de mañana" para cumplir con lo que Dios le indicó que hiciera. Supongo que cuando Abraham escuchó su nombre, pensó, ¿Qué cosa nueva me irá a pedir Dios? Sabemos que toda su vida había recibido pruebas pero la prueba suprema no había llegado. Dios dijo,  Abraham" y el anciano respondió, "Heme aquí."

Dios dijo, "Toma ahora a tu hijo tu único hijo a quien tanto amas ese amado de tu corazón tómalo y vete a la tierra de Moriah; haz un altar allí, átalo, toma tu cuchillo y ya que le hayas quitado la vida, quema su cuerpo. ¡Qué gran milagro! Abraham no titubeó.

Lo Severo de la Prueba


Por favor toma nota de que Dios pidió de Abraham lo mejor que tenía: no sólo un hijo, sino el único hijo, un hijo que era el hijo de la promesa. Abraham estaba escuchando una voz de autoridad que iba a tomar lo más preciado de su corazón, su mayor tesoro, e iba a deshacer sus mejores esperanzas.

Pero a Isaac no era lo que estaba pidiendo Dios; era a Abraham mismo. Si podía haber algo entre Abraham y Dios iba a ser su amado Isaac, y Dios dijo, "Abraham, él también ha de ser mío.

No conozco tu vida y tú no conoces la mía, pero esto sí conozco: Si tienes una experiencia superficial que no te ha traído satisfacción; si has visto el poder de Dios manifestado en otras vidas y te ha faltado en la tuya; si has fallado en llegar al sitio que esperabas llegar por la gracia de Dios; si en cualquier otro aspecto tu experiencia cristiana ha sido un fracaso y si esto también es lo está pasando en mi vida, es porque hay algo que está entre nosotros y Dios.

Y esa cosa --sea lo que sea-- tanto para ti como para mí es nuestro Isaac, porque amamos aquello más de lo que amamos a Dios. Entonces Dios está llamando, llamando ahora, y diciendo, "Vete a la tierra de Moriah."

¿Por qué no responder a la voz divina hoy? Temo que si algunos de nosotros hubiéramos estado en el lugar de Abraham hubiéramos dicho: "Espérate, Señor, vamos primero a considerar esto. ¿Por qué no estás satisfecho con los bueyes de mi manada? Tengo millares y todos serán tuyos."

Pero Dios dijo, "No, ellos no bastan."

"Entonces, Señor, toma a Ismael, mi otro hijo, el hijo de la sierva."

Pero Dios dijo, "No, dame a Isaac."

"Pero, Señor, él es el hijo del pacto y en él todas las naciones de la tierra serán benditas."

"Sí, Abraham, pero ese mero Isaac has de llevar a la tierra de Moriah.'

¡Qué tremenda lección hay aquí para ti y para mí! Hablamos de la gracia de Dios que es gratuita no obstante es la cosa más costosa en todo el universo, y el camino que conduce a esa fuente va por el camino del altar y la cruz subiendo al monte de Moriah. Si el hombre está satisfecho con una parte de lo que Dios puede hacer para él, lo puede obtener con una parte de su consagración, pero si él quiere que Dios lo provoque a ser todo lo que el hombre puede ser y hacer, se requiere todo lo que tiene el hombre para cumplirlo.

Aquello que es responsable de nuestra pasión más fuerte, es lo último que soltamos, y esa cosa, si está impidiendo la obra de Dios en nuestra vida, es el motivo para que Dios te haya traído a este sitio santo para que tú edifiques un altar en este lugar y sueltes (dés libertad) al estorbo en tu vida.

No era la muerte de Isaac lo Dios que perseguía; era la muerte de esa cosa en Abraham que pudiera haber puesto a Isaac antes que a Dios en su afecciones.

Escudriñemos nuestro ser para descubrir qué cosa está entre nosotros y Dios. Puede ser lo impuro, la imaginación sucia, puede ser ambición al dinero, puede ser un hijo que amas más que a Dios, y el camino que conduce a la tierra de Moriah quizá sea duro y extremadamente doloroso para tu alma.

Se dice que Pierre Hurlat era el mejor tirador de Francia y con sus ahorros pudo comprar una linda casita que estaba situada junto a un puente. El sitio era algo hermoso y la casita estaba cubierta con madreselva. Pierre gozaba anticipando el día cuando él y su señora esposa pudieran disfrutar su casita en su vejez.

Pero vino el tiempo de guerra y en el ejército necesitaban a Pierre. Los alemanes habían tomado posesión de la aldea donde estaba la casita de Pierre. Un día se acerca el General Neil a Pierre, quien estaba al pie de su cañón, y le dice: "Pierre, ¿puedes ver aquella casita que está junto al puente?" El viejo tirador comenzó a sudar frío. Pero contestó: --Sí, mi General--.

--Bueno--, dice el General, --a ver qué puedes hacer, porque es un nido de alemanes, y quiero apuntes tu cañón hacia ella para acabar con ellos--.

Usando toda su destreza y conocimiento el viejo tirador disparó. ---Muy buena puntería--, dice el general, pero al ver a Pierre notó su rostro cubierto de lágrimas y le pregunta, ¿Por qué Pierre, qué te pasa?

--Ah, General, contesta Pierre-, ésa era mi propia casa, mi única posesión.

Oh, mi amigo, trae a tu Isaac hoy, ven con lo mejor, lo más preciado de tu corazón y entrégalo a Dios. Permite que se haga la voluntad de Dios en tu vida y verás cómo el sitio puerta del cielo el sacrificio se tornará en la mera para ti.

La Belleza del Sacrificio 

A menos que leas el relato detenidamente, puedes pensar que Abraham no tuvo ninguna lucha al pensar en sacrificar a su hijo, por encima parece que había  comenzado a edificar sin contar primero precio y que a la mejor no puede terminarlo. En el versículo 2 recibe la orden y en el versículo 3 ya con todo preparado se dirije al sitio del sacrificio como si todo estuviera ya arreglado.

Es la medianoche en el versículo 2, y es muy de mañana en el versículo 3, y mientras tanto, Abraham a solas había librado una batalla muy tremenda en su alma. Allí en su lecho en esa noche él experimentó su Gethsemaní subió al Calvario y allí crucificó su
voluntad, sus esperanzas y sus mejores deseos; había caminado hasta llegar a su tierra de Moriah espiritual y allí enterró el cuchillo en el corazón de su amado hasta mil veces y "muy temprano por la mañana" cuando se levantó, ya todo había pasado, ya había hecho el sacrificio. Con razón pudo estar tan calmado, la tormenta ya había pasado.

Salió por su camino con toda calma, preparó todo y levantó el cuchillo que iba a terminar para siempre la vida del hijo de la promesa. Pero al ir bajando su mano el ángel detuvo su brazo y dijo, "Abraham, no extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada (eras tú mismo a quien Dios quería); que ya conozco que temes a Dios, pues que no me rehusaste tu hijo, tu único (Gén. 22:12).

Hasta puedo oir la voz de alguien diciendo, "Pero, predicador, ¿es tan duro así?" Sí, porque incluye una lucha con la muerte del "yo" y para algunos de nosotros no será fácil, pero éste es el camino al perdón, a la paz, a la pureza y a la potencia.

La Bendición

"Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto" (Gén. 22:14).

Si pones tu ser sobre el altar de Dios juntamente con el ídolo más preciado de tu corazón, escucharás Su voz diciendo: "Por cuanto has hecho esto, bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré..." (Gén.22:16-17).

¿Habrá alguno que esté listo para pagar el precio hoy día? Dios está llamando, tal y como llamó a Abraham, llamándote a ti que subas a la tierra de Moriah, para atar al altar -¿qué diré? ¿esta cosa y la otra? La verdad es que sólo tú y Dios saben, pero ¿por qué no hacer un sacrificio completo de una buena vez? Ata tu vida al altar, déjala que arda y que se queme todo el yo para que seas lleno y tal como Pablo puedas decir, "lleno de toda la plenitud de Dios" (Efesios 3:19).

Conozco un poco de lo que se sufre cuando hay derrota, tener a mis pies los pedazos patéticos de un ideal deshecho, ser humillado y avergonzado en mi alma. Pero a la vez he tenido algo de la experiencia de una vida amoldada únicamente por el pensamiento de Dios, y ser movida sólo por la voluntad de Dios.

Si es posible vivir tal experiencia continuamente, yo quiero vivirla, ¿y tú? Creo y aun sé que es posible y el camino hacia ello es a través del altar en la tierra de Moriah. Vamos a pedir a Dios que nos dé la gracia para viajar por ese camino hoy.

Pero tú dices que ya lo has hecho antes, tú dices que ya te rendiste y que tu rendición fue total. Pero, mi amigo, si tu experiencia continuamente está hablando de derrota, entonces estoy más que seguro que no te has rendido en forma total.

Un regalo, para ser un don, tiene que tener cuatro características:

1. Tiene que ser voluntario y el hecho de entregarse uno a Dios tiene que venir de un impulso interior, porque es "tu racional culto" (Rom. 12:1).

2. Ha de ser desinteresado. Recuerda que Jesucristo en cierto día dijo a las multitudes que estaban a su derredor, "De cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os hartasteis," y Jesucristo jamás ha buscado discípulos de este tipo.

3. Ha de ser bien pensado, esto era la belleza del sacrificio de Abraham. Dios quiere que nos detengamos y consideremos el precio.

4. Ha de ser irrevocable. Cuando un israelita llevaba una ofrenda al sacerdote y la ponía sobre el altar, jamás soñaba en ir al día siguiente para pedir que le regresaran su presente.

Si has fallado en alguno de estos puntos, sin duda fue en uno o los dos últimos.
Ahora permíteme hacerte unas preguntas agudas y muy punzantes:

¿Quieres una nueva experiencia en Cristo?

¿Quieres una profunda paz que traiga satisfacción a tu corazón y que jamás sea inquietada?

¿Quieres potencia en tu ministerio tal como siempre has esperado tener?

Dondequiera que hayas fallado, ¿estás dispuesto a ser renovado en ese aspecto?

¿Quieres victoria en esos puntos de tu vida donde jamás la has logrado?

¿Quieres terminar con las derrotas?

En una palabra, ¿quieres que Cristo reine en tu vida?

Entonces, si jamás te has entregado a Dios en la manera que Él te lo ha pedido, o si te has rendido y después descubriste a través de una experiencia decepcionante que tu entrega no había sido completa, entonces haz de esta tierra, donde estás sentado con tu Dios ahorita, tu tierra de Moriah, y permite que se haga la obra en ti en esta hora, en este minuto --ahora.

Escucha, y creo que oirás a Dios decir, "Vete a la tierra de Moriah." Entonces vamos a considerar el precio y la lucha sin duda vamos a enfrentar y con decisión decir:

Toma, ¡oh Dios!, mi voluntad,

Y hazla tuya, nada más;

Toma, sí mi corazón;

Por tu trono lo tendrás

Desde este momento y en adelante puedes experimentar la completa victoria en Cristo. ¡Recíbela de Su mano ahora!


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